“Las mujeres afrodescendientes y el cabello afro”

por Wendy Spence-Christie, traducido por Guillermo Márquez

Una mujer trenza el cabello de una joven en San Basilio de Palenque, Colombia. San Basilio de Palenque, una ciudad ubicada a 50 kilómetros de Cartagena, es considerada la primera comunidad en liberar oficialmente a las personas esclavizadas en América. Foto de Richard Cross.

Históricamente, el cabello afro ha sido un catalizador para la libertad y la autoexpresión de las comunidades afrodescendientes. Los peinados afro representan hoy en día un sistema de navegación anticuado que en su momento sirvió como un mapa hacia la libertad para la gente esclavizada. Los senderos eran enigmatizados e intricadamente tejidos dentro de las trenzas del cabello, las cuales también sirvieron como almacenes de comida durante los escapes. Por lo tanto, mientras observamos el Mes Internacional de la Mujer, es indispensable que subrayemos el papel desempeñado por la corona que adorna la cabeza de la mujer afrodescendiente.

Irónicamente, el cabello afro tiene sus raíces en la liberación, pero de alguna manera se ha convertido también en una fuente de opresión, especialmente para la mujer afrodescendiente, sobre la cual nos enfocaremos en este artículo. Mientras que los exóticos corroscos, trenzas afro coloridas y el cabello entrenzado se han convertido en formas decoradas de expresión de la cultura popular, las mujeres afrodescendientes han sido castigadas en sus trabajos por llevar los mismos peinados. Ellas son sujetadas a discriminaciones mientras que el profesionalismo del cabello afro es constantemente puesto en tela de juicio.

La fuerza del cabello de la mujer afrodescendiente es simbólica; las bobinas muy rizadas sostienen la misma resiliencia que su pueblo. El cabello afro tiene la habilidad única de rebotar, aún después de aplicarle calor y presión excesiva. Las mujeres afrodescendientes consideran a su cabello una corona en su estado más natural e indomable. Por lo tanto, el cabello afro representa poder.

En julio del año 2019, el estado de California en EE.UU. promulgó el proyecto de ley CROWN, conocido en la legislatura estatal como SB 188, que prohíbe la discriminación basada en el peinado o estilo del cabello. El proyecto de ley CROWN (que por sus siglas en inglés se conoce como Creando un Mundo Respetuoso y Abierto para el Cabello Natural) fue introducido por la senadora estatal de California Holly J. Mitchell, también afrodescendiente, y apoyado por varios líderes políticos y cívicos. Quizás esto sea incomprensible para muchos, pero vale notar que en esta década, la mujer afrodescendiente debe buscar este nivel de protección y permiso para existir en su estado natural. Pero, ¿cómo es que llegamos a esta encrucijada, donde la representación cultural y las batallas legales se intersectan?

Los artefactos del Egipto antiguo muestran el entrenzamiento del cabello afro de las civilizaciones tempranas. En las tradiciones tempranas africanas, los peinados fueron usados como símbolo de estatus. El proceso largo de entrenzamiento de aquel entonces, tal como el de hoy, era una experiencia de vinculación muy personal entre las mujeres afrodescendientes.

Durante el siglo XV, los africanos esclavizados fueron arrancados de sus tierras y echados hacia el negocio de la trata de personas europeo que operaba a través del Océano Atlántico. Junto con la eliminación de su cultura y tradiciones, el cabello de los africanos esclavizados también formó parte de las identidades que se perdieron a la historia.

Mientras los africanos esclavizados planeaban sus rutas de escape en diferentes regiones geográficas, los patrones de sus trenzas contenían direcciones codificadas. Según los investigadores, los alimentos escondidos dentro de los peinados también sirvieron como fuentes críticas de energía para aquellos que emprendieron viajes en busca de la libertad.

El cabello de la mujer afrodescendiente es tan diverso como los tonos de su piel negra y su versatilidad es inigualable. Sobre su cabeza, ella lleva una corona adornada con joyas hechas de corroscos, trenzas y rastas.

El salón de belleza Baby Doll’s Hair Salon en Los Angeles, 1976. Foto de Guy Crowder.

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